
Miembros del Congreso de Estados Unidos han catalogado a los routers de TP-Link como una «amenaza para la seguridad nacional«. Esta preocupación surge tras revelaciones recientes que sugieren posibles vulnerabilidades en los dispositivos de la compañía, las cuales podrían ser explotadas por actores malintencionados, incluidos gobiernos extranjeros. Dado que los routers de TP-Link son comúnmente utilizados en hogares y pequeñas empresas, el temor es que estos dispositivos puedan ser empleados para espiar a ciudadanos estadounidenses o comprometer la infraestructura crítica del país.
Toda la situación se ha gestado gracias a una carta enviada esta semana a la Secretaria de Comercio de los Estados Unidos. El documento firmado por John Moolenaar y Raja Krishnamoorthi, congresistas, han indicado los dispositivos de TP-Link ofrecen «un grado inusual de vulnerabilidades«. Este motivo ha sido más que suficiente como para que se solicite una respuesta hacia la empresa y que, en caso de no ser favorable, pondría en riesgo la continuidad del negocio de TP-Link en Estados Unidos.
No es la primera vez que el Gobierno de Estados Unidos realiza este tipo de acusación hacia empresas, el caso más sonado es lo ocurrido con Huawei dentro del territorio estadounidense. Ahora, TP-Link parece estar en el punto de mira y se les ha dado hasta finales de agosto para ofrecer toda la información necesaria como para poder entender la causa de estas «vulnerabilidades»
La preocupación sobre los routers de TP-Link no es nueva. Durante años, estos dispositivos han sido un objetivo recurrente de grupos de hackers, quienes los utilizan para llevar a cabo ciberataques más amplios. Un ejemplo reciente es el grupo APT Volt Typhoon, vinculado al gobierno chino, que ha utilizado routers domésticos como punto de entrada para infiltrarse en infraestructuras críticas estadounidenses.
Las vulnerabilidades en los routers de TP-Link han facilitado la creación de botnets, redes de dispositivos comprometidos que pueden ser utilizadas para atacar otras redes. Ante estas acusaciones, TP-Link ha declarado que no comercializa routers en los Estados Unidos y que ha llevado a cabo una reestructuración global para operar como entidades independientes.
Sin embargo, esta afirmación no ha disminuido las preocupaciones de los legisladores, quienes insisten en la necesidad de investigar a fondo los riesgos que estos dispositivos pueden representar para la seguridad nacional. La posible obligación de las empresas chinas de compartir datos con el gobierno chino incrementa aún más las sospechas.
Fuente -> La Vanguardia